¿Por qué ser familia anfitriona?

Los primeros días del mes de mayo del año 2010, mi hija Ana Clara (13 años) vino del colegio muy entusiasmada con una pequeña nota en dónde se invitaba a lo padres a recibir en sus hogares un alumno de intercambio. Firmaba la nota Rosita Bottino y dejaba su teléfono.

La llamamos y enseguida nos vino a visitar. Fue muy clara en la explicación: necesitamos una familia que esté dispuesta a compartir un año con un chico o chica como si fuese un hijo más. Tuvimos dudas en cuanto a la falta de espacio para esa niña que deseábamos tener, dado que sólo le podíamos ofrecer compartir el cuarto con sus “hermanos por un año”: Facundo (11 años) y Baltasar (7 años). Rosita fue muy amable, nos contuvo desde el primer momento y nunca voy a olvidar lo que me dijo: ellos no van a fijarse tanto en el lujo de tu casa, pero sí en el amor que les puedan brindar, desean encontrarse en poco tiempo como en su propia familia.

Nunca pensamos que era mucha responsabilidad, ni que pudiera pasarle algo malo, ni en todas las preguntas que muchas personas se hacen ante la posibilidad de tener un niño de intercambio.

Y así comenzó todo. Apenas vimos las fotografías de los niños inscriptos le pedimos a Rosita por Tamara, ella era la más pequeña en edad, todavía no había cumplido los 15 y pensábamos que estaría más cerca de poder compartir con Ana Clara.

Empezamos a soñar con su llegada unos meses antes, preparamos el cuarto, hicimos un lugar en el placard, arreglamos la casa,… no sé, cada cosa tenía que ver con la llegada de la nena. Empezamos a conocernos por mail y por Facebook, nos mostramos fotografías, nos escribíamos, cada día esperábamos noticias, le presentábamos nuestros amigos y, el día de su cumpleaños número 15 —que todavía estaba en Alemania—… ¡Todos nuestros amigos la saludaron!

Aquí en Argentina se dice mucho: ¡Qué diferentes que son a nosotros!, ¡Dejan venir a esos chicos solos!,  ¡Qué fríos que son! Que error tan grande, son sólo niños, no tienen más que 18 años y en el lugar en dónde viven los forman para que les interese ver que ocurre en otras partes del mundo y están preparados y capacitados para hacerlo solos.

Así llegó el 13 de agosto en que viajó a la Argentina y el15 a la noche llegó a Las Rosas, una ciudad pequeña de 16.000 habitantes, en la provincia de Sante Fe.

Bajó del ómnibus con otros 3 chicos alemanes (Henrik, Anna y Rieke) y enseguida vimos su carita de nena y su hermosa sonrisa que nunca abandonó. Eran las 3 de la mañana, un frío intenso, subimos al coche y no hablamos ni una palabra, en 6 cuadras estábamos en casa, ella sólo nos dijo: estoy cansada, voy a dormir.

Mi esposo y yo nos fuimos a dormir llenos de preguntas: ¿Sabrá español? ¿Cómo nos comunicamos? ¿Se habrá ido a dormir con hambre? ¿Le gustará? A la mañana, cuando despertó, en nuestra casa se festejaba el cumpleaños de Baltasar, en el patio habíamos inflado un castillo salta salta, jamás voy a olvidar su cara al verlo, se sacó las zapatillas y subió al juego en un segundo era una más disfrutando la fiesta.

Es muy difícil resumir lo vivido hasta aquí. Tamara hizo que esto fuera fácil, vino sabiendo hablar muy bien castellano, pudo tomar clases de italiano en la escuela y terminó el año con excelentes calificaciones puesto que siempre fue una alumna muy aplicada y estudiosa. Sus profesores y profesoras le han tomado mucho cariño. Tratamos de ambas partes de respetar todas las recomendaciones que tanto YFU como nuestra delegada, la Sra. Rosita Bottino, nos dieron, como por ejemplo: ella se comunicó con sus padres como a los 10 o 15 días de llegar, a pesar de nuestra insistencia, nos hizo entender que así debía ser; no hizo viajes en los primeros meses y las salidas nocturnas fueron después de varios meses, cuando ya creímos que podía comprender bien y que conocía la forma de ser de la gente del lugar.

Todos preguntan que tan fácil o difícil es la experiencia y tanto tendría para decirles como mamá. La familia está todo el tiempo a prueba con el compartirlo todo, compartir la mamá, el papá; hay otro a quién preguntar por el colegio, sus amigos, las salidas, las clases; y cuando tiene algún dolor, el primer resfrío, y que no quiere tomar remedios y que no quiere ir al doctor, jaja, todo un tema. Todo esto hace que la familia sea más firme, más unida y más grande porque hay un nuevo hermano y ese es el premio a tanto esfuerzo.

Desde el primer día compartimos las comunicaciones con los padres de Tami, Silvia y Alfred, nos presentamos, nos conocimos y a medida que venían amigos a casa o los abuelos enseguida abríamos el Skype y le presentábamos las visitas.

Estamos felices porque el año próximo Tamara volverá con sus padres y su hermano Basti a visitarnos y eso nos ilusiona muchísimo. A este tiempo que sólo faltan pocos meses para su regreso nosotros nos alegramos porque ya estará nuevamente con sus padres, pero se nos anuda el alma al pensar que ya no estará con nosotros.

A Tami le gusta mucho hacerse de nuevos amigos, le encanta tomar mate y es fácil de conformar con las comidas —las tartas de verduras son sus preferidas—, aprendió a bailar, se hizo socia del club, compitió en natación en las vacaciones de verano, cocinó unos exquisitos strudel para el día de la madre. Ha sido muy generosa conmigo y me ha tenido bastante paciencia teniendo en cuenta que soy de las madres que están todo el tiempo pendientes, pero ahora es más fácil, ya nos conocemos, además de querernos.

Luego, llegó el momento de hacer el viaje con sus compañeros de intercambio. Cuánta ilusión tuvo y que feliz fue, la pasó muy bien, se divirtió mucho y le gustó tanto lo que conoció de nuestro país. Se enamoró de Las Cataratas del Iguazú y de la Capital Federal.

Le encanta soñar que puede traer a sus padres y volver, recorrer y mostrarles todo lo que ella ya vivió. Creo que le gustaría estar con ellos viviendo todo esto tan bueno para ella. Nos gusta escucharla cuando habla con ellos, les cuenta cada cosa vivida, compara y se asombra de lo mínimo, es observadora, simple, muy buena.

En resumen, ¿qué podemos decir? Uno piensa todo lo que puede dar, enseñar cuando decide recibir. Jamás sueña todo lo que aprenderá y todo lo que le dejará esta increíble y hermosa experiencia que YFU puso en nuestro camino.

Y bueno… ahora somos fanáticos de Bavaria, del Bayer Munich, de las galletitas de navidad. Y sabemos que en un lugar del viejo mundo siempre nos esperará nuestra nueva familia, la familia de nuestra hija Tamara.

Gracias a la Señora Rosita Bottino por confiar en nosotros, por acompañarnos en la primer etapa en la que sobrellevamos juntos las situaciones más difíciles. Gracias YFU.