Somos Sergio y Silvia de Pueblo Esther, muy pegadito a Rosario. Nuestra aventura con YFU comenzó en agosto de 2009 cuando nos llegó un mail con la propuesta de recibir en nuestra familia a un estudiante de intercambio. Nos llamó mucho la atención y enseguida nos pusimos en contacto con Rosita, la delegada de Las Rosas y ella nos informó sobre la propuesta. Nos envió las CARITAS  de los chicos que faltaban ubicar con una pequeña descripción de sus características. Todo fue rápido, leímos a cada uno de ellos y enseguida nos decidimos por ALEX, de Alemania. Su carita en la foto nos decía que todo iba a funcionar bien. Así fue!!!!

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Vivimos una experiencia inolvidable. Nos divertimos mucho, compartimos muchos momentos lindos y tristes, pero lo más importante es quelogramos formar una nueva familia. Nos permitió ser sus OTROS PAPÁS. Y como familia vivimos muchas charlas, muchas caminatas, muchas confidencias. Alex, no se quedó quieto. Recorrió la ciudad, formó un grupo de amigos muy lindo con los que compartió asados, fútbol, salidas al boliche, donde encontró su amor, Anabel. Cuando llegó el momento de su partida, Alex, decidió que volvería porque dejaba en Argentina una familia y un amor. Por eso, regresó en octubre de 2012 para quedarse sin fecha de regreso a su país. Ahora estudia Psicología en la Universidad de Rosario y seguimos adelante con nuestra familia especial.

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En octubre de 2011 nos llega nuevamente un mail donde nos contaban la necesidad de Verónica, de Bélgica, de cambiar de familia para que ella pudiese hacer su experiencia de cursado en una facultad, ya que estaba en una ciudad lejana y no podía acceder a esta posibilidad. Lo pensamos unos días y nos decidimos. En noviembre llegó Verónica a casa con una sonrisa enorme y un poco de miedo al cambio, al volver a empezar. Esta vez fue todo muy diferente porque como sabemos cada hijo es único. Rápidamente se integró a los nuevos compañeros de colegio, a un grupo scout y comenzó sus aventuras en la ciudad. Con un mapa a cuestas decidió recorrerla con sus nuevas amigas. Se inscribió a la facultad, rindió exámenes de ingreso y logró llegar hasta el primer cuatrimestre aprobando cada uno de los parciales. Nos sentimos muy orgullosos de sus logros en español, ya que su idioma cuando llegó al país era escaso. Su voluntad de crecer y su alegría hicieron que su experiencia fuera renovadora. Con Verónica formamos otra gran familia porque ahora tiene dos familias en Argentina y la suya en Bélgica, ya que con la primera familia la compartimos como hija.

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En julio de 2012, a pocas días de la partida de Verónica y habiéndole prometido no recibir a ningún estudiante, nos llega otro mail con las caritas de los chicos que arribarían agosto. Otra vez, la misma sensación “¿Por qué no recibir a uno de ellos?”. Así que lo pusimos a consideración de Alex y Verónica porque desde que ellos forman parte de nuestra familia los involucramos para tomar estas decisiones. Obviamente, en un principio no quisieron que nadie más viniera a SU CASA de intercambio, pero les pareció que debían permitirle a otro estudiante vivir lo que ellos habían vivido.

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Entonces elegimos entre todos a otro varón, LUDVIG, de Suecia. Esta experiencia fue la que más nos obligó a usar nuestro ingenio, creatividad y todo aquello que se necesite para lograr una buena comunicación. Ludvig no hablaba NADA de español y nosotros poquísimo inglés.

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Los primeros días fueron muy difíciles, pero con buena voluntad y una sonrisa pudimos entendernos. Ah!!! y con la ayuda del diccionario y de internet. LUDVIG es un joven muy formal, muy correcto y con muchas ganas de aprender, así que enseguida empezó con sus clases de español. Él también pudo hacer su experiencia de facultad lo que le permitió integrarse con jóvenes de distintas realidades.

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A Ludvig no le gustaba mucho la idea de tomarse el colectivo para ir a la ciudad así que estuvo mucho tiempo en casa compartiendo distintos momentos con nosotros. Cocinamos, hicimos caminatas por el pueblo y compartimos largas sobremesa donde aprendimos costumbres familiares de su país.

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Cada vez que pensamos en esta loca aventura de recibir estudiantes de intercambio creemos que nos fortalece como familia y nos engrandece el corazón. Nos divierte que nos digan que estamos locos por recibir en nuestra casa a un extraño que rápidamente forma parte de nuestra familia.

Sabemos que cada hijo es único y eso los hace especiales.

Y en cada partida sentimos que uno de nuestros hijos prestados por la vida se va de intercambio por tiempo indefinido a otro país.

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