Cuando a mis 8 años mi familia adoptó a mi hermana neozelandesa supe enseguida que de grande iba a viajar de intercambio. Mi viaje fue hace ya tres años. Siempre tuve la idea de viajar a Europa por sus diferencias culturales y para poder aprender de ellos lo más posible, pero no tenía ni idea a dónde viajar. Después de mucho averiguar, me encontré con YFU y su coordinadora en Rosario, me contó sobre la experiencia de Lucio en Holanda y me encantó la idea de conocer como era todo allá.

horse riding

Los meses pasaron volando y de repente ya era el día que viajaba. Fue un 29 de diciembre y hacía mucho calor y me acuerdo a la perfección que había llegado tarde a Ezeiza. Estaba muy nerviosa, había viajado ya antes pero nunca tan lejos y menos tanto tiempo alejada de mi familia argentina. A la vez, quería llegar cuanto antes para conocer a mi nueva familia, mis nuevos compañeros y mis nuevos amigos. Estaba ansiosa por saber cómo sería todo allá.

con papa y dirk

El viaje se hizo eterno. Pero cuando llegamos tenía los sentimientos revoloteados. ¿Cómo iba a ser mi familia? ¿Serian buenos conmigo? ¿Y si no me gustaba el país y sus costumbres? ¿Qué tan difícil era el idioma? ¿Cómo iba a hacer para andar tanto en bicicleta? (creo que para mí ese era el mayor drama). Pero cuando los vi, y ya sé, suena de película, todo se me borró y lo primero que pensé fue: ¡Que buena decisión que tomé!

yo y mi bicicleta lola jajaja

Lo mejor de mi viaje en mi opinión fue mi familia. Siempre digo, que me había tocadola mejor de toda Holanda. Siempre estuvieron conmigo, me acompañaron tanto en mis buenos momentos como en los malos. Mi casa era grande, en comparación con las otras casas, y vivíamos ahí mis dos hermanas, mis papas, mi hermano, que venía en los fines de semana, y yo. Era una especie de granja y me acuerdo que teníamos de todo: caballo, conejos, gallinas, corderos y hasta un chancho. Mi forma de colaborar en la casa era recolectarlos huevos de las gallinas (me daba mucho miedo, así que cada vez que me tocaba era como una comedia), darle de comer a los animales, y lavar los platos.

llegada en el aeropuerto

El colegio al principio fue todo un drama. Me acuerdo que odiaba ir porque tenía que ir en bicicleta todos los días y hacer 4km de ida y 4km de vuelta y aparte con nieve y mucho frío (que me acuerdo que cuando llegue pensé, qué lindo vivir en la nieve, y después de varias caídas por el piso congelado me dejó de gustar). Más allá de esa tortuosa parte (soy media exagerada, no se preocupen que en primavera mejoró y ¡¡era hermoso!!), la escuela era hermosa. Al principio no entendía nada y mis profesores me daban tareas para chicos chiquitos pero con el tiempo me fue integrando a la clase. El sistema era completamente distinto al nuestro y funcionaba mucho más como una universidad por los horarios y la libertad que tenían los alumnos. Aunque no aprendí mucho contexto teórico, ahí conocí gran parte de la cultura holandesa y de cómo se actúa la gente de mi edad allá. Además fue a donde hice más amigos, que por suerte (y muy lindo) seguimos hablando.

at school

Los holandeses, sinceramente, ¡son unas de las personas más graciosas y divertidas que conocí! Les encanta salir a divertirse y siempre que pueden se juntan (usan cualquier excusa). El país, en general, es hermoso. Volví enamorada. Es muy chiquito y con el tren se puede llegar a todos lados. Su adoración por la reina es increíble (que ahora por cierto es Máxima), hasta tienen una día que se llama “koninginnedag”. Son súper fanáticos de los deportes de invierno, de hecho yo aprendí a patinar sobre hielo (¡fue re divertido!) y les encanta comer comida dulce y como diría yo “engordante”, me acuerdo que cuando llegue comían pan con chocolate, que aunque no lo crean, es buenísimo! Y mis preferidos eran los “stroopwafels”  que son tipo galletitas con caramelo.

amigas-argentina

Holanda 2010 (así llamo yo a mi intercambio) fue una de mis mejores experiencias de vida. No me arrepiento de nada y aunque a veces estuve triste y “home-sick”, puedo decir que fueron unos de mis mejores seis meses. No solo conocí sobre la cultura de otros, sino que también aprendí de mi misma y a conocerme mejor. Entendí lo que significa extrañar a tus amigos y a tu familia y a la vez adaptarse a los nuevos.Conseguí una independencia, adaptación y manera de pensar hacia ciertas cosas, que creo nunca hubiese tenido si no viajaba.

Mi recomendación para todos los que están a punto de tomar esta decisión, es que lo hagan! Que salgan y conozcan lo más que puedan y que recuerden que el lugar no hace el intercambio SINO uno con su forma de actuar y su futuro aprendizaje.