Yo puse el título “El año de intercambio”, pero ¿Qué es un año de intercambio? – ¿Cómo se vive como un estudiante de intercambio? – ¿En qué sentido cambia tu vida por el intercambio? – ¿Qué cambió en la vida mía? – ¿Cómo me sentí y que aprendí durante estos meses? y ¿Para qué hago-para qué me sirve esta experiencia?
Seguramente tienen muchas preguntas sobre el tema de intercambio. Yo voy a tratar de responder algunas, contando un poco de mi año de intercambio que ahora ya se está por terminar.
Todo empezó con las ganas de viajar – Estaba cansada – ya conocía todo: la gente, el lugar..
Cansada de saber que no iba a cambiar nada. Todos los días lo mismo. Día a día – con la misma gente, haciendo lo que había que hacer todos los días. Me estaba aburriendo y no quería seguir así. Quería salir de Alemania, dejar mi vida allá, vivir algo nuevo, conocer algo diferente, tener experiencias -> Desarrollarme.
Estas fueron las causas porque yo elegí hacer un intercambio.
Un año de vacaciones con muchas fiestas, vivir sin preocupaciones – vivir fácilmente disfrutando de la vida. Algo así o parecido se imaginan muchos chicos un año de intercambio. Yo tengo la suerte de poder hacer esta experiencia acá en Argentina. Y ya les puedo decir: Es mucho más que eso.
Si tuviera que describir un año de intercambio con una sola palabra diría: Desarrollo.
Realmente creo que sólo así se pueden aprender tantas cosas en un año.
Llegás al país, extranjero, tal vez hablando lo básico del idioma, quizás llegás sin saber nada.
Puede ser que seas de un país más desarrollado, tal vez no.
Supongo que viniste de una vida en que conocías tu posición, acá todavía no la conoces. La tenés que encontrar y primero buscar, porque acá todavía sos nuevo. Y aún estás andando un poco inseguro. Con razón: El idioma – no lo hablás, tu familia – no la conocés, tus compañeros – todavía no son tus amigos y sus chistes – no los entendés.
Empezar tu nueva vida a veces no es fácil. Yo no puedo hablar por todos, pero lo que sí puedo, es contar mis experiencias como intercambista.
Me gustaría decir que un año de intercambio está lleno de altibajos. Hay días en que no sé expresar mi felicidad. Tal vez me ha pasado algo lindo, conocí algo nuevo, viví una experiencia nueva o tal vez sólo me puso muy feliz pasar el tiempo con mis amigos. Por el contrario, en otros días me siento sola, quizás estoy extrañando a mi familia, mis amigos. “Estar de más” – un sentimiento conocido por un estudiante de intercambio. Pero no hace falta que te preocupes por eso. Porque esos días te hacen aprender. Aprendí mucho de mi misma, cómo actúo en situaciones difíciles, cómo llevarme bien con la gente extranjera, cómo vivir sin mi familia. Creo que han cambiado mis valores de vida. Me dí cuenta de que mi familia en Alemania es muy importante. Antes no la valoraba mucho, pero eso quiero cambiar ahora. Vivir sin la familia te hace mucho más independiente. Eso se nota en muchas cosas y tal vez también hay cosas de las te das cuenta mucho después.
Si ahora miro atrás, encuentro muchas cosas de que puedo reírme o estar orgullosa.
El otro día estábamos con las chicas de intercambio. Íbamos en auto con los papás de una chica de Finlandia. Estabamos contando historias que nos pasaron durante los primeros meses. Recién una amiga de Dinamarca terminó de contar su historia cuando se quería encontrar con una amiga a comprar ropa. A las seis de la tarde ella ya estaba lista y estaba esperando enfrente del Shopping. Pero nunca vino su amiga. Después de media hora la llamó y su amiga le dijo : “Che, Sofie, yo estoy acá en la peatonal, esperándote!”.
Mal entendidos así nos pasaron a todos. Irse al Shopping que queda a 20 minutos del centro mientras tu amiga te está esperando en la peatonal es sólo una historia de nuestra colección.
Con mi hermana también podíamos pasar días acordándonos y riéndonos de historias y chistes que sólo nosotras entendemos.
Creo que el idioma es una de las cosas que nos puede poner muy orgulloso. Yo llegué acá con lo básico. “Hola, me llamo Kathi, soy de Alemania, no hablo español y tengo hambre” – así, por lo menos, no me podía morir de hambre.
Pero también hay chicos que salieron de sus países sin saber nada del idioma.
Creo que todos nosotros hablábamos más con las manos que con la boca durante los primeros meses. El otro día una amiga de Bélgica dijo: “Chicas, yo no entiendo cómo sobrevivimos los primeros meses!”
Y eso no sólo por el idioma sino también por adaptarnos a la vida argentina. Les puedo decir:
Acostumbrarse cuesta.
Como venís de una cultura totalmente diferente primero te tenés que acostumbrar a muchas cosas. Va a haber cosas que todavía no conocés y cosas que no sabés hacer, por ejemplo prender la cocina, porque en tu país no se hace así o no sabés qué es la cosa en el baño al lado del inodoro, porque en tu casa no hay.
También aprendés cosas de las costumbres que son diferentes a las tuyas. Acá en Argentina vivo aprendiendo cosas.
Cosas que antes me parecían raras, ahora ya son lo normal. Caballos caminando por la calle o decir “6” y salir a las siete y media, estas cosas ahora ya son parte de mi vida diaria, mi vida argentina.
Estoy muy feliz de haber hecho esta experiencia. Y no me arrepiento de ninguna manera. Todo lo que me costó mucho, realmente valió la pena.
Y si vos decís que sos una persona a que le gusta viajar, conocer cosas nuevas y sos capaz de adaptarte a una vida diferente, yo te recomiendo hacer un intercambio.
No hace falta que sepas el idioma ni la historia de tu país elegido, sino sólo hay que tener las ganas y la fuerza de seguir durante el  año.
Si querés un cambio, un intercambio de dará las mejores oportunidades.
Kathrin Bunte (16)
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