A Serbia llegue de casi de casualidad. Era septiembre, ya empezaba el otoño, pero ese año se había extendido particularmente el verano; hacía mucho calor y mis días estaban pintados con un color anaranjado. Vivía en un barrio medio alejado de Belgrado, y la verdad es que mi primer mes fue catastrófico. No conocía a nadie, no hablaba el idioma, no sabía qué hacía ahí. Iba un mes y no disfrutaba la estadía. Hasta que sucedió un suceso “bisagra”. Ya con un tiempo en Serbia, conocía de poco su cultura popular, sus ídolos y modas. Fue entonces que el 20 de Octubre, se presentaba Lepa Brena en la Arena de Belgrado. Yo sabía que ella era una de las grandes “leyendas” musicales y culturales en general no sólo de Serbia si no de toda la Yugoslavia (como la Madonna de Yugoslavia), así que aun sin conocer bien sus canciones, me dije a mí mismo, “no me puedo perder la oportunidad de ver a una leyenda”. Compré dos entradas, una para mi, y otra para alguien que me acompañe, porque no iba a ir solo. Terminé invitando a un chico que había conocido brevemente pero me caía bien, Veljko, en lo que resultó ser el comienzo de una de las amistades que más aprecio en mi vida. Pero fue al irme preparando para el concierto; porque aunque sea iba a tararear algunas canciones, cuando empecé a conocer más sobre Serbia. ¿Por qué Lepa Brena tenía canciones sobre un húngaro llamado Janoš? ¿Canciones medias turcas como Robinja? ¿O patriotas como Živela Jugoslavija? Siendo ella el mayor ícono de la cultura popular de los 80, en pleno principio del fin de la utopía socialista yugoslava, sus canciones me empezaban a contar la historia de Serbia. Janoš me contaba que la región de Vojvodina, al norte de Serbia, era habitada por muchos húngaros, y ella como ícono pop de un país multicultural y diverso, tenía que apelar a la representación masiva de todas sus minorías; así como Udri Mujo apelaba a los montenegrinos. Y luego, su famosa canción “Jugoslovenka” me describía un país y una nacionalidad que ya no existía, pero de la cual veía sus restos en Serbia y en muchos casos también sus ruinas. Sí, sus ruinas, porque si hubo algo que me shockeó y hasta el día de hoy me parece todavía una de las postales más impregnables de Belgrado son sus edificios bombardeados, por la OTAN en 1999, y que dejaron, por ejemplo, en pleno centro de Belgrado, frente a la casa de gobierno, las ruinas del antiguo Ministerio de Defensa.

Afuera de la Arena de Belgrado durante la Copa Davis Argentina vs Serbia

Afuera de la Arena de Belgrado durante la Copa Davis Argentina vs Serbia

Mokra Gora, una ciudad hecha para una película de Kusturica

Mokra Gora, una ciudad hecha para una película de Kusturica

El antiguo edificio del Ministerio de Defensa en el centro de Belgrado

El antiguo edificio del Ministerio de Defensa en el centro de Belgrado

En el diario en el concierto de Lepa Brena

En el diario en el concierto de Lepa Brena

Y así como después del concierto empecé una gran amistad con Veljko (que es mitad rumano; en Serbia hay una diversidad étnica muy grande), empecé a conocer un montón de gente más y nuevos amigos; Stefan, Miloš, Ivan, Jakob, y por supuesto, el grupo de voluntarias de YFU Serbia; Marija, Katarina, Maja, Darija y Čarna. Fueron mis amigos, ellas, y obviamente Predrag, el director de YFU Serbia, -quien es como el “padre anfitrión” que nunca tuve- quienes se convirtieron en mi familia en Serbia, quienes me hicieron sentirme en casa en Serbia, quienes me hacen siempre extrañarla y sentirme como un yugoslavo nostálgico de casa.

Para Navidad, la celebré con la familia de Veljko y su abuelo me regaló un estampado de Tito

Para Navidad, la celebré con la familia de Veljko y su abuelo me regaló un estampado de Tito

En Serbia, nunca me sentí en otro país. Siento que son muy parecidos a los argentinos; les gusta la fiesta, la “joda”, tienen carácter fuerte y directo, un humor muy particular, y comen mucha mucha carne! Además, tanto en Serbia como en muchos otros países de los Balcanes, es muy común que la gente hable algo de español; en los años 90, pasaban muchas novelas latinoamericanas que eran seguidas religiosamente, por lo que todo serbio sabe al menos una frase en español del tipo “Yo soy tu madre”, y es muy común que en especial las mujeres sepan hablar aunque sea un poco de español. Por otro lado, el serbio es un idioma complicado gramaticalmente pero fácil de pronunciar y también de aprender; los serbios siempre te van a corregir o a tratar de entender aunque hables con millones de fallas. Es que los serbios son duros por fuera, pero por dentro están siempre listos para recibirte, tratarte como uno más y ayudarte. Es cosa de saber apreciar su cultura, su historia y su gente; eso abre las puertas a conocer de fondo este pueblo tan complejo, cuyo enredado trasfondo lo hace un desafío y apasionante descubrirlo.

La abuela de Veljko, también mi abuela serborumana

La abuela de Veljko, también mi abuela serborumana

Estando en Belgrado, tuve millones de anécdotas que han quedado tatuadas en mi memoria. Fui a ver a Djokovic, que para los que no lo sabían es serbio, jugar contra Del Potro en la Copa Davis (el tenís es una religión en Serbia), al Festival Exit (Uno de los más famosos de Europa, y cabe mencionar que Serbia es famosa en toda Europa por su vida nocturna), las noches bailando “turbo folk” (la música popular serbia; una mezcla de pop, electrónica y música tradicional), los paseos por Belgrado (que es un poco parecida a Buenos Aires) y en especial por su fortaleza Kalemegdan (el lugar de recreación de los jóvenes), esperar a mis amigos para juntarnos “en el Caballo” (una estatua en el centro de Belgrado que es usada como punto de referencia por todos para encontrarse), comer Ćevapčići (uno de los platos típicos; un sandwich con salchichas de carne molida en pan y con cebolla, repollo y picante, y que de sólo recordarlo muero de nostalgia y hambre), celebrar Slavas (las fiestas de los santos protectores de cada uno, más importantes que los cumpleaños y donde se come sin parar), o pasar la navidad ortodoxa (porque en Serbia no se festeja el 25 de Diciembre, son de religión ortodoxa y celebran la navidad el 6 de Enero) quemando ramas en una iglesia en pleno invierno a la medianoche.

Al dejar Serbia, me fui hablando serbio, cantando todas las canciones serbias que eran populares cuando estuve, y también las de las muchas otras bandas que descubrí (Para los interesados, les recomiendo EKV -rock yugoslavo-, S.A.R.S. -funk serbio-, o las clásicas turbofolk; además de Lepa Brena; Ceca, y Jelena Karleuša), con un toco de películas serbias (el cine serbio es buenísimo; además de las de Kusturica hay muchísimas películas y directores espectaculares), con gorritos típicos y rakija, pero más importante, con una familia, con tantos amigos tan presentes en mi corazón, que me hacen ver que en realidad nunca dejé Serbia, siempre estará en mi corazón, y siempre será parte de mí. Es por todo esto que Serbia me dio que yo siempre lo recomiendo para hacer un intercambio; no es un país para gente tímida, es un país ruidoso que requiere que vos te muevas mucho para encontrar tu lugar, lo que significa un gran desafío y crecimiento, pero que una vez que lo hagas, podrás encontrarte en esta maravillosa cultura y eso quedará en vos para siempre.

La victoria de Argentina en la Copa Davis

La victoria de Argentina en la Copa Davis

Cevapcici

Cevapcici

Iglesia Ortodoxa Serbia en Navidad

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Voluntarios de YFU Serbia idolatrando a

Voluntarios de YFU Serbia idolatrando a

En un restorán típico con voluntarios de YFU

En un restorán típico con voluntarios de YFU