Siete años después de haber hecho mi semestre de intercambio en Finlandia a traves de YFU Argentina, me encuentro una vez más ante la expectativa de ir al encuentro de un nuevo país a vivir lo desconocido. Desde enero de este año, estaré haciendo una pasantía para YFU Turquía, como voluntaria en la Oficina Nacional en la ciudad de Ankara.

Ya no soy la jovencita curiosa que dejó la casa de sus papás para ir a conocer otra cultura. Durante mi tiempo de intercambio aprendí a manejarme de manera independiente, a tratar con personas con costumbres distintas, practiqué la tolerancia, la empatía y la generosidad. Ademas, luego de siete años, muchas cosas sucedieron. Entre ellas, ser voluntaria y empleada de YFU Argentina.

Ceci en Turquía

Es por eso que ahora soy una jovencita curiosa con más experiencia que deja su casa para conocer una nueva cultura. Turquía, un país del que poco sé pero que me llama.

Las primeras impresiones en el aeropuerto me colocan culturalmente en el mapa: veo dos madres llevando cochecitos de bebe,  mujeres que estan completamente vestidas de negro y con el rostro tapado. El cartel indicando la sala de primeros auxilios no tiene una cruz, sino una luna creciente. Y en vez de una capilla, los pasajeros pueden dirigirse a la sala mezquita.

No obstante, durante los primeros días ya en la ciudad de Ankara, veo en las calles detalles que me hacen sentir no tan lejana a mi país: pasa el vendedor de “simit” (rosca de harina, agua, aceite y sal, con sesamo), con una gran bandeja en la cabeza, tal como quien vende chipá. En el centro, los lustra-botas tienen un lugar especial. Los kioscos y puestos de revista en pueden estar abiertos hasta muy tarde en la noche. Y el tráfico, que para mis amigos europeos es un caos, para mí es algo natural.

Pero Turquía es un lugar especial. Cinco veces al día, la ciudad oye al imán recitar los versos del Corán desde los minaretes de las mezquitas. El “çay” (té) corre como mate, y el café turco es la mejor manera de obsequiar a un invitado. En los bares y cafés el aire se espesa con el aroma del humo de la şişa (pipa de agua) mientras en las mesas se juega ’tavla’ (backgammon).

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El país es grande, muy grande, y muy distinta una region de otra. Al este, hay tradiciones mas fuertes. Al norte, la costa del Mar Negro tiene ciudades muy bellas. Al este, el Mediterráneo ofrece playas turísticas. En el centro, ciudades antiguas como Konya, o Eskişehir, ciudad de estudiantes, Y en la unión de los continentes, la perla entre continentes, Estambul, Antigua Constantinopla.

La gente es siempre muy amable, atenta y bien dispuesta a ayudar. Mismo si se habla poco inglés. Todos quieren acercarse y conversar, beber un çay. El idioma es muy particular, pero con un poco de  voluntad se aprenden rápido las frases más comunes: ‘Merhaba!’ (Hola), ‘Memnum oldum’ (Un placer conocerte), ‘Teşekkürler’ (Gracias), ‘Şerefe!’ (Salud/Chin chin), ‘Affiyet olsun!’ (Buen provecho), ‘Görüşürüz!’ (Nos vemos).

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Anécdotas y diferencias culturales hay a montones. No es muy normal ver muestras de afecto público entre parejas, pero en cambio es más normal ver a hombres, de todas las edades, ir caminando por la calle de la mano o del brazo, de a dos, incluso de a tres o más. Hombres y mujeres suelen arreglarse para salir a la calle. La mayoría de las personas son musulmanas, más o menos comprometidos en su práctica religiosa, y hay mujeres que llevan burca (pañuelo en la cabeza) que van junto a otras con hermosas cabelleras de rulos y muy maquilladas. En mi barrio, hay pequeños parques con máquinas para entrenar y hacer ejercicios. La educación en las escuelas es seria y exigente. Y narices y cejas las hay de todo tipo.

La comida merece un capítulo propio. Aquí se disfruta el buen apetito. Para todos los gustos, hay dulce y salado. Para todas las personas, vegetarianas, veganas o carnivoras, hay un plato esperando. Kebab, iskender (carne), pilav (arroz), dürüm (roll), kumpir (papa rellena), pide (’pizza’ turca), poğaca (panes rellenos), baklava, lokum (delicia turca), kadaif, künefe, etcetera, etcetera, etcetera.

Tengo que admitir que Turquía no es lo que me imaginaba –un país islámico con muchos bazares, bigotes y zapatos de punta curvada-, como tampoco lo fue Finlandia en su momento. Pero en ambos casos sucedió que aquello que pensaba antes de viajar quedó muy por debajo de lo que realmente el país, las personas y la cultura son. Turquía es un país con tanta historia, tantas personas y territorio, que es imposible abarcarla en una reseña, es imposible descubrirla en un año, ni en cien. Por momentos  estoy y me siento más en Occidente; otras veces, estoy más en Oriente. Siempre feliz, segura, con ganas de ir por más. En los diez meses que me quedan, espero poder empaparme de este lugar, rodearme de gente preciosa, deslumbrarme con los paisajes y vivir experiencias únicas. Y si tuviera que recomendar un país para conocer, para romper con prejuicios y hacer un intercambio, sin dudas digo: TURQUÍA.

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