¡Hola! Mi nombre es Emanuel, tengo 24 años y tuve la oportunidad de realizar un intercambio académico en Alemania por un año con YFU.

Cada vez que recibo la tarea de escribir contando mi experiencia, suena como algo simple y rápido. Sin embargo cuando estoy delante de la hoja en blanco, son tantos los recuerdos, tantas las personas involucradas, tantas cosas que me gustaría decir que verdaderamente no sé por dónde comenzar.

Bueno empecemos… la frase que mejor definiría mi año de intercambio sería “Un antes y un después en mi vida”. No sólo por el crecimiento personal que ha marcado en mí; o por lo increíble de haber vivido  en otro país, haber compartido la cultura, los valores de otra sociedad y generar así un entendimiento mutuo; o haber aprendido a hablar otro idioma, que éste se convierta en parte de uno; en fin, vivir situaciones extremas pero al mismo tiempo asombrosas. Todas cuestiones que, debo decir, aún continúan influenciando y enriqueciendo mi vida. Sino que Alemania también me regaló a dos personas que se han convertido en una parte importantísima de mi vida: mi madre anfitriona, Ivonne, y Natasha, mi amiga rusa.

Con mi mamá hemos compartido verdaderos momentos de madre a hijo, como si nos conociéramos de toda la vida. Generamos tal relación de confianza y amor que sigue perdurando hasta hoy en día, 5 años después del intercambio y sin habernos encontrado de nuevo. Para mi es ella mi mamá alemana, alguien que constantemente me ha apoyado y guiado en toda decisión que he tomado. Hoy sé que para ella y para toda la familia me he convertido en un hijo más.

Con Natasha nos conocimos en el colegio y desde entonces construimos juntos una amistad grandiosa. No puedo olvidar las veces que me ha hecho sentir como en casa, cuando estaba en un país muy diferente a lo que estaba acostumbrado. A comienzos de este año, y por un intercambio académico que Natasha decidió hacer en Buenos Aires, nos encontramos de vuelta para darnos cuenta que, más allá de la distancia, del tiempo, de la falta de comunicación, esa amistad seguía intacta. No pude hacer otra cosa que apoyarla en su experiencia argentina como ella lo hizo conmigo estando en Alemania.

Podría agregar muchísimas cosas más. Sinceramente creo que en el tiempo de intercambio uno acumula recuerdos y experiencias para contar toda la vida. Nunca se termina. Uno se lleva personas en el corazón, cultiva un lugar en otra parte desconocida del mundo, aprende, se equivoca, vuelve a intentarlo, disfruta, vive al máximo… Hechos como los que relaté son simplemente algunos de los tantos que uno atraviesa. Es una experiencia única e inigualable que recomendaría hacer a cualquier persona.

Hay una idea que desde el primer momento me cautivó, y hago mías palabras del propio YFU:

“lo otro no es mejor ni peor de lo que uno ya conoce, es simplemente DIFERENTE”. Entender esto, es resultado de mi intercambio en esta organización. ¡Infinitamente agradecido!

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